Algunas características de la religión aymará

El animismo es una de las características básicas de la religión de los aymaras de la Primera Región. Esto significa que para éstos, los objetos de la naturaleza (piedras, cerros, animales, ríos, arboles y otros) poseen un espíritu o un alma. Todos los elementos de la naturaleza se le aparecen al hombre aymara vinculados a la dimensión espiritual de su ser y son capaces de entrar en un dialogo con él, y aún teniendo vida propia comparten su existencia en una convivencia solidaria dentro del cosmos. En este universo sacralizado vive el campesino andino, obligado a sintonizarse cuidadosamente con él, si desea sobrevivir.
Conjuntamente con la visión animista existe la actitud utilitaria del campesino. Este se comunica con una serie de divinidades que la tradición ha jerarquizado Dios y sus múltiples vasallos. El aymara a través de sus ritos y celebraciones peticiona constantemente su bienestar ya sea material y espiritual. Sus preocupaciones diarias están presentes en sus ceremonias, en su pensamiento: siempre hay una oración para la mejor cosecha o para la prosperidad del ganado. Todo este espíritu práctico y utilitario se fundamenta en el principio de la reciprocidad que regula las relaciones con el mundo divino.
ORIENTACIÓN
Además de los elementos ya señalados, existe la orientación axiológica siendo sus dos puntos centrales el oriente y el occidente. El oriente por donde sale el sol cada día y que en las alturas de las montañas adquiere una gran relevancia, el agua de las nieves y de los ríos que nacen de ellas: además las altas montañas fueron –y todavía lo son, aunque en menor medida- centro de poder político y administrativo. El oriente señala el origen de la vida y del ser. El occidente donde cae el sol cada tarde, es el sendero por donde la gente se va hacia las quebradas en busca de mejores recursos. Hoy, occidente se simboliza con el ocaso de la sociedad aymara que ya señala el camino obligado de los migrantes a las ciudades y puertos. Por occidente van llegando las influencias que gravitan sobre la estructura social aymara; se simboliza con la pérdida de la identidad cultural.
Publicado en La Estrella, 1º de noviembre de 1981, página 6

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