Animitas

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El camino sea de tierra o asfaltado está marcado por el recuerdo de quienes allí perdieron la vida. Templos pequeños a veces, humildes casi siempre, se levantan como llamando la atención al viajero. Los hay de todo tipo. Conforme pasan los años las latas o la madera dejan paso a la cerámica. El Norte Grande es un inmenso campo santo. Ahí está la fotografía del difunto, que a veces el sol borra. También están aquellas con comida y cervezas. Las nuevas carreteras concesionadas han alterado la geografía de la muerte. Rumbo al aeropuerto o bien hacia Humberstone. hubo un desplazamiento de proporciones. No sabemos muy bien que pasó con todas las animitas. Pedí al Seremi de Obras Publicas de ese entonces, un listado de las removidas. Aun espero.

Me gustan las antiguas del tiempo de las salitreras. Pequeñas y con olor a humo, cerca de la línea del tren. El tiempo borró el nombre del finao y la fecha en la que murió. El olvido, la obsesión de Borges, hacen estragos. Abandonadas son una especie de memoria alzada en plena pampa.

El culto a las animitas revela una concepción de la vida y de la muerte que nos remite a nuestros antepasados. Los chinchorro convertían a sus muertos en momias, y con esa tecnología y ese arte, borraban las fronteras entre una y otra. Una frágil y movible línea divisoria nos habla del diálogo entre vivos y los que no están.

En Iquique hubo animitas milagrosas. El anima de la patita, reinó en lo que hoy es la Jorge Inostrosa, Gonzalito en Primera Sur. Ambos han desaparecido. El finao San Martín aun milagrea y reposa a un costado del Cementerio 1. La Quenita en Avenida Salvador Allende, además de producir milagros, ha presenciado los cambios de nombres de esa avenida.

Los pequeños templos esparcidos tanto en la pampa como en el borde costero, nos recuerdan la fragilidad de la vida y lo familiar que es la muerte. Los camioneros saludan a esos recordatorios y se encomiendan, tal cual lo hacían los maquinistas del ferrocarril cuando en Tarapacá, los trenes eran parte de nuestro patrimonio.

 

Publicado en La Estrella de Iquique, el 24 de julio de 2016, página 15

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