Desierto

Le tomó tiempo al paisaje del Norte Grande acreditar como tal frente a la invisibilidad a la que le condenó el discurso oficial producido desde Santiago. El desierto definido como el lugar donde no hay nada, es decir como no-lugar, paso a paso, ha ido ganando su espacio en el imaginario nacional. Y no ha sido precisamente obra del Estado y de sus aparatos educacionales o turísticos, sino del mundo del arte, de la literatura. Hernán Rivera Letelier, por ejemplo, ha sido quien más ha insistido en situar sus historias en lo que él ha llamado el “desierto más carajo del mundo”.

Dos hechos íntimamente relacionados entre si, han ayudado a construir la idea del desierto de Atacama y por extensión el de Tarapacá. El masivo peregrinaje a la fiesta de La Tirana y la presencia de hombres y mujeres alrededor de la explotación del salitre, ambos fenómenos desde fines del siglo XIX. Chuzos y matracas han construido este espacio sonoro.

En el marco del X Congreso Chileno de Sociología y Pre-Alas, visitamos Humberstone y Santa Laura. Nos alegró ver el actual estado de esta oficina que en las décadas de fines del siglo XX,  era objeto de saqueo. Una gran labor del Museo del Salitre y del Estado que no debe cesar en su apoyo a este sitio de la memoria. Quienes nos atendieron demuestran una gran sensibilidad sobre este dispositivo que sirve para entender lo que fue la vida de los pampinos.

Los que nos acompañaban, franceses, alemanes, uruguayos, brasileños y chilenos del centro y del sur, entendieron la dureza de vivir aquí y sobre todo percibir el milagro de crear la vida donde el discurso oficial plantea que no existe. Visitar este sitio fue una clase magistral acerca de la épica y de la memoria.

El desierto para ellos, la pampa para nosotros en su dureza esconde una ternura que hay que saber deletrear. Esta inmensa pampa, acertadamente retratada por la llamada literatura del salitre, sirve como escenario de la vida y de la muerte, de las luchas obreras y de la necesidad de estar juntos.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 16 de diciembre de 2018, página 14.

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