Dile a Laura

Laura es su nombre de pila. Bozzo su apellido. Pero se hace llamar Laura de América. Lo de América es una apropiación más de las tantas que ha sufrido este continente. Laura ha conseguido alzarse en la alta sintonía de una TV que vive de los dramas humanos. Las telenovelas no dan para tanto. Maestros en eso de hacer llorar, los ideólogos de la televisión yanqui descubrieron el poder cautivador del morbo. A contar las tragedias se ha dicho. Romané es una niña de pecho al lado de Laura. Pero no nos engañemos. El género de contar la intimidad tiene su larga data. Los consultorios del alma casi al final de cualquiera publicación vienen ganando adeptos desde principios de siglo. Los doctores del alma emiten sus consejos con una pachorra digna de encomio. El diario El Clarín, en la década de los 70, con su Consultorio Sentimental a cargo del profesor Jean de Fermisse aconsejaba a cuanta dama o varón se atreviera a contar sus penas o sus traumas. El cantautor y médico iquiqueño de apellido Candina inmortalizó en una canción las aventuras del francés. Para entender a la Laura hay que entender a Jean de Fermisse. Por su parte la radio local, allá por los 70 cuando el dial estaba dominado sólo por las radios iquiqueñas: Lynch, El Salitre y Esmeralda, incursionaron en el género. Juan Carlos Gil desde Santiago parecía dictar la pauta. Eran los años de la canción “Yo te amo”, un tema atrevido que como telón de fondo ayudaba a que los tímidos se declararan, vía pastilla de pololeo, a la amada en el Parque Balmaceda, cuando éste era digno. Porque él de hoy es un asco. Estamos, por si no se han dado cuenta, en el 2000. Los jóvenes según el Conace cada vez consumen más drogas; éstos, sin pudor escriben las paredes “Jesenia te amo”. Imposible en los años cincuenta rayar “Clotilde regresa”. Entonces el pudor era más alto que el reloj de la Plaza Prat. Laura nada sería sin la TV. Ella entiende que la realidad siempre supera el arte. Entonces para que documentales o telenovelas. Lo mejor el trato directo. De allí que el machism o se enseñoree. Siempre será un macho, en este caso made in Perú, el que trasgrede la moral pública, aunque en la privada todos consientan. Lo terrible es que son machistas pobres, marginales y faltos de oportunidad. Sus mujeres, cómplices de una vida miserable que comparten eso de que “el hombre que me quiere me pega”. Nunca un Ministro de Estado ha comparecido en el tribunal de la Bozzo. Laura personifica la moral pública de una sociedad como la peruana perdida entre el autoritarismo y un pasado Inka brillante. Laura no es la musa del “nada soy sin Laura” que cantaba Raphael en la disquera El Manco, ni es tampoco la prometida de esa otra canción que nos hizo llorar en la matineé del Nacional, cuando ella, rezando en la Iglesia por el hombre muerto en pos de conseguir “joyas, lujos y en altar, un sí ante Dios” le decía del más allá “Dile a Laura que la quiero”. A esta Laura hay que entenderla en el marco de esta televisión prisionera del rating, y por ende despiadada.

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