Identidad

 

Foto de Hernán Pereira Palomo.

 

Conversar es un hábito tan viejo como el hilo negro, aunque tatuar cerros es más antiguo. Y conversar en público es un lujo, más aún en tiempos en que el andar a prisa, sin motivo alguno, ahuyenta el hablar.

La palabra conversatorio me encanta ya que suena a conversar y confesión a la vez. Algo de esto sucedió el martes 4 de julio en la escuela de Arquitectura. Dos instituciones como la Unap y La Estrella de Iquique convocaron a practicar este arte: el hablar. El motivo, la identidad cultural. Tema no fácil de agarrar. ¿De dónde proviene nuestra rica, larga y variada identidad cultural? La relación con el Otro, es un primer paso para tratar de abordar este complejo fenómeno. ¿Identidad o representación? Los críticos de la identidad, plantean que es mejor hablar de representación, ya que esta idea, sintetiza mejor los esfuerzos de la cultura por auto-definirse.

Los tarapaqueños poseemos identidades largas e identidades cortas. Estás últimas que desde la década de los años 80 aparecen, por ejemplo, por influencias de la Zofri, la globalización, las nuevas migraciones, entre otros. Las largas, provienen del mundo andino, de los deportes modernos, de la religiosidad popular, del movimiento obrero, por ejemplo.

El Otro, en algún tiempo fue Lima, ahora Santiago. Ambos centros hegemónicos que veían a esta zona como una colonia interna que habría que succionarle sus recursos. El guano, el salitre, la pesca, el cobre. Un modelo extractivo con graves consecuencias sobre el medio ambiente. Y una identidad como la economía circular, vuelve sobre el pasado y lo reinterpreta. Continuidad y ruptura parece ser ese largo hilo que da luces sobre lo que somos. La identidad no es una pieza de museo. La identidad está en la calle, en el espacio público, en las ferias. Y por lo mismo siempre va a recibir influencias. Ir a La Tirana o san Lorenzo, al igual que el pan con aceitunas, ambos alimentos fundamentales de los tarapaqueños.

Conversar es hacer democracia, a través de la palabra. Es recuperar esa piedra que estaba en nuestras casas, afuera, en la que nos sentábamos a contemplar la vida cotidiana.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 9 de julio de 2017, página 15

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