Tertulias

Tertulias bello

 

Debe haber sido en el mall, ese que tenía carnicería, o en la plazuela Los Héros, o bien en ambos lugares, en que había una librería, Andrés Bello, se llamaba, a cuya administradora, María Eugenia Letelier, se le ocurrió juntar a tres lectores, a tertuliar. Era el año 2000. Me parece que cada jueves a las 12.00 del día, puntualmente llegaba el Juez Arancibia, la poeta Cecilia Castillo y yo. Tres tipos diferentes en todo. En edades, profesiones, historias de vidas, miserias y grandezas, pero que cultivaban un sentimiento en común: el amor por los libros.

Al juez Arancibia, que ya no lo era, pero que se comportaba como tal, lo conocía de referencia. Y en Iquique, estas son, por lo general, malas. A la poeta la conocí en los años 80 en este Iquique del Ciren, del CPS, de las escuelas de verano, de la Agrupación Cultural Tarapacá, del Wagón. Me dieron buenas referencias de ella.

Tertuliar es compartir el verbo, es tender puentes, cruzar calles… Entonces se me reveló el Juez como un extarordinario maestro de la palabra. No se que referencias tenía de mi, pero como estamos en iquique, seguro que eran malas, pero el Juez, las echó abajo, me regaló una sonrisa y de ahí no paramos de hablar. La guerra del Pacífico, sus anécdotas de juez, sabrosas todas, mientras que la Cecilia, nos miraba y nos enrielaba por el camino recto de la poesía y de la novela. La Monvel y la Gertner, eran sus favoritas. La Wolf, obvio que también.

Las tertulias terminaron cuando la librería cerró por falta de lectores/compradores. Nos quedamos los tres varados. El juez enfermó y la muerte tocó su puerta. Con Cecilia nos juntamos a tomar café y a quejarnos de la falta de tertulias. Escribo esto no con afán de registro, sino como agradecimiento al juez que le brillaban los ojos cuando de literatura había que hablar. Ramón Pacheco, el precursor de Jorge Inostrosa, era uno de los autores que había oido hablar, pero que nunca había leído. De vez en cuando, en la Unap, con la Castillo, hablamos de libros, de música y de un cuanto hay. Don Raúl, debe estar frotándose las manos. Con la poeta somos promiscuos; leemos en papel y en digital.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 3 de abril de 2016, página 15

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