Turcos

En cada barrio de la ciudad era común encontrarse con los llamados “turcos”. Personajes que el vino tinto y del otro hicieron estragos en sus vidas. Sujetos cariñosos que se ganaban el aprecio, sobre todo de los niños. Criarse en un barrio popular era contar con esas presencias siempre deslavadas, pero tiernas. Se tejían sobre ellos ellos inmensas y poderosas leyendas que rayaban casi en el mito. Que una pena de amor, que una traición, que una mirada no correspondida.

Muchos de ellos mimetizados en el paisaje barrial conocían el ritmo de sus calles y de sus esquinas. Panchito Machete era uno de ellos. Vestía un paltó de dos tallas más grande. Era respetuoso y en vez de pedirte plata, te encaraba y te cobraba lo que según él se le adeudaba. Le seguíamos el juego. De la noche a la mañana lo dejamos de ver. Nunca supe cuanto dinero le debía. Todos o casi todos decían que habían sido campeones de Chile. Uno nos venció. Afirmó que había sido vice-campeón. Se ganó nuestras simpatías.

Los turcos de la esquina le decían a aquellos que se congregaban en el negocio del Belfor. Todos trabajadores que al caer el sol, casi en forma clandestina se bebían un cañón. Entraban de a uno. Salían cañoneado rumbo a su casa. En la plaza Arica había varias farmacias de turno. La de Papilote era una de ellas y más al norte la de Potokao. Doña Rebeca fue la más querida y heredera del Guata e queque como le decían a Pinto, negocio en que mi padre se surtía de un buen tinto para esperar el partido del Colo. De los turcos famosos recuerdo al Chino Funes, querido por todos. Cada barrio tiene a estos personajes que nunca sabremos que dolores lo arrastraban a perderse semanas enteras. El barrio los toleraba. Una vez plantados recobraban su fina estampa. No todos eran turcos, pero de vez en cuando se perdían en esos bosques frondosos en la que cuesta encontrar el camino de regreso.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 26 de febrero de 2017, página 13

En la fotografía Curinche.

Facebooktwittermail