Vaqueros

The Authentic History Center

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Los que somos hijos de la matinée de los cines locales, tenemos recuerdos de películas sobre todo de romanos, de la Segunda Guerra Mundial y especialmente de vaqueros. Los arquetipos eran claros y quedaron marcados en nuestra formación. El jovencito, la niña, los malos y los indios, por cierto, todos malos y traicioneros. La industria del cine, a través de Hollywood exportó, a su modo claro está, como se construyó la nación de los Estados Unidos.

 

El Oeste, se hizo bajo las coordenadas de la civilización versus la barbarie. Las novelas de James Fenimore Cooper del siglo XIX marcaron lo que sería el western en todo su esplendor. Dos películas, según los expertos, y ambas exhibidas en nuestras salas de cine, marcaron el género: “La Caravana de Oregón” (1923) y luego “La Diligencia estrenada en el 1939, se constituyeron en referentes a la hora del recuento y de la nostalgia. En Iquique todo éramos John Wayne, todo el día haciendo diligencias.

El vaquero se constituyó en el modelo de la virilidad a reproducir. Solitario y de breves palabras, pero rápido para el vaciado de su Colt 45, este personaje inspiró los juegos de niños, modas, formas de caminar. “Creerse Randolph Scott o John Wayne” era la costumbre. Pañuelos al cuello, chalecos de cuero y a falta de caballo, un palo de escoba. En casa dos sillas y sobre ella la tabla de planchar constituían los ingredientes, el andamiaje para la diligencia. El cowboy cabalgando sobre un caballo fiel, era el héroe civilizador. Los pieles rojas, debían pagar con su desaparición el precio del progreso. El ferrocarril simbolizaba el caballo de la expansión del capitalismo.

El western se acabó con la televisión. Hubo un par más y luego nos llegó el spaghetti western, en la que hubo más malas películas que buenas. Pero estas ultimas se convirtieron en clásicas. Leone, Morricone y Eastwood, fueron los arquitectos. Lo demás, maestros chasquillas del género.

Ya no hay matinée ni películas del oeste. El solitario vaquero/civilizador, sin escrúpulos, murió en esa calle del pueblo solitario. En el duelo con las nuevas tecnologías, su Colt 45, no tuvo eficacia y la puntería del jovencito falló. Ya no hay rotativas, con sandwich de albacora.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 26 de junio de 2016, pagina 13

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